Autora/Entrevistadora: Sara Casalí San Emeterio (Prexcribe Arts)
Del dolor al baile: en Bilbao, profesionales de la salud estudian cómo abordar el dolor crónico sin daño en mujeres a través de la Danza Movimiento Terapia, una disciplina basada en la conexión entre mente, cuerpo y emoción.
La Fila 0 del musical Kala, la gurú del pop se destinará a financiar la última fase del trabajo de investigación La vida es un baile.
En España hay 275.800 personas diagnosticadas de fibromialgia: 247.400 son mujeres y 28.500 hombres, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), publicados en 2025 y desglosados por AFIBROM. Más allá de la fibromialgia, el dolor crónico sin daño afecta a millones de personas en todo el mundo.
Las tres profesionales que lideran este estudio pertenecen al Grupo de Trabajo de Fibromialgia, Migraña y Dolor Crónico de Osatzen (Sociedad Vasca de Medicina de Familia y Comunitaria), desde donde se han desarrollado y publicado otras investigaciones. Ainhoa Pikaza y Marian Fernández —enfermera y médica de familia, respectivamente— trabajan en los centros de salud del Casco Viejo y de Begoña (Bilbao, Osakidetza). Desde 2016 imparten cursos de Educación en Ciencia del Dolor (ECD) como intervención comunitaria. Leyre Neches, fisioterapeuta de Atención Primaria en el Centro de Salud del Casco Viejo, se sumó al proyecto en 2022. La teoría que se comparte en estos cursos ayuda a entender el dolor como una respuesta neurobiológica compleja en la que está implicado todo el organismo.
Este abordaje no es nuevo: se apoya en un marco teórico desarrollado por el neurólogo Arturo Goicoechea hace más de dos décadas. La Educación en Ciencia del Dolor (ECD) explica el dolor como una respuesta de protección del sistema neuroinmune. Cuando esta respuesta se repite de forma automática y se perpetúa, lo que indica es que se mantiene una evaluación de amenaza para los tejidos, incluso sin daño actual, lanzando “falsas alarmas”.
La ECD es una actividad educativa y explicativa que actualiza creencias (daño ≠ dolor), reduce el miedo y el catastrofismo, y promueve de forma segura y progresiva el movimiento mediante exposición gradual, autocuidado y el ajuste de factores como el sueño, el estrés o la actividad. Solo conocer este marco ha cambiado la vida de numerosos pacientes. Hoy la ciencia ofrece certezas: el dolor, como tal, no es un indicador fiel del estado de los tejidos y, por el mero hecho de persistir, no tiene por qué ser para siempre. Según Goicoechea, puede deberse a errores de atribución del propio organismo.
Clara Lliró —Danza Movimiento Terapeuta y bailarina— se cruzó en el camino de Pikaza, Fernández y Neches en 2023. Juntas apostaron por unir ambas disciplinas, la Educación en Ciencia del Dolor (ECD) y la Danza Movimiento Terapia (DMT). Así nació La vida es un baile, un proyecto de investigación que aborda el dolor crónico en mujeres a través de una actividad artística y de movimiento.
La fase piloto del proyecto arrancó en octubre de 2024 y se prolongó hasta diciembre del mismo año. Un grupo de mujeres que ya había cursado ECD participó en sesiones de DMT en un centro cívico de Bilbao. De esta experiencia piloto se recogieron datos que ayudaron a planificar el estudio y a corregir errores en el diseño de la investigación. Los resultados indican que la intervención combinada ayudó a las mujeres a comprender y reducir su dolor, aportándoles recursos y confianza.
Las participantes experimentaron una mejora en su estado de ánimo y en sus relaciones, superando el aislamiento y la tristeza. Encontraron en el grupo un espacio seguro donde se sintieron comprendidas, lo que favoreció un cambio físico y emocional, así como la recuperación del bienestar personal. Finalmente, expresaron su deseo de que esta intervención pueda ofrecerse a más personas como alternativa a los tratamientos habituales.
En enero de 2025 se puso en marcha la fase principal de la investigación. La elevada demanda de mujeres que habían participado en ECD durante el último año hizo necesario organizar dos grupos. El primero, objeto de investigación, se desarrolló en el BBK Sasoiko Zentroa —espacio facilitado por la Fundación BBK—, del que ya se dispone de entrevistas en profundidad pendientes de análisis. El segundo, concebido como grupo de continuidad (enero–mayo), se llevó a cabo en un centro cívico del Ayuntamiento de Bilbao e integró tanto a participantes del grupo piloto como a nuevas interesadas.
La Fila Cero de Kala, la gurú del pop, musical producido por Prexcribe Arts, se destinará a financiar la fase final de la investigación, que incluye la realización de grupos focales, el análisis de datos, la publicación del artículo y su difusión en el ámbito académico.
Lamentablemente, la investigación y la divulgación científica siguen enfrentando importantes trabas: financiación, falta de tiempo y otras limitaciones que dificultan la integración de enfoques innovadores como este. El estudio La vida es un baile se desarrolla gracias al valioso apoyo de la OSI Bilbao-Basurto de Osakidetza y está impulsado y liderado por profesionales del Grupo de Trabajo de Fibromialgia, Migraña y Dolor Crónico de Osatzen.
Damos ahora voz a las protagonistas de esta combinación innovadora entre la Educación en Ciencia del Dolor (ECD) y la Danza Movimiento Terapia (DMT).
ENTREVISTADORA — Empecemos por el origen del proyecto: ¿cómo surge La vida es un baile y qué os impulsa a ponerlo en marcha?
AINHOA PIKAZA —Pues, siempre desde la curiosidad y la necesidad. Llevábamos desde 2016 haciendo cursos de Educación en Ciencia del Dolor, pero veíamos que faltaba algo. Porque el dolor persistente es algo que invade al individuo y, con los cursos, podemos ofrecer una explicación convincente a veces; otras veces, pues bueno, la gente todavía tiene sus dudas. Parece que empiezan a hacer algún pequeño cambio en sus creencias, en su forma de intentar afrontar la vida, pero, aun así, hay una barrera muy grande.
Realmente, cuando decimos que el dolor se lleva todo, es porque así es. Se lleva las relaciones sociales, se lleva la vida familiar y económica, se lleva la vida íntima, se lleva la vida sexual… se lleva muchas cosas. Entonces, vimos la necesidad de recuperar a la persona desde otro lugar que no sea la enfermedad, la etiqueta o la dificultad —que suele ser la base desde donde se trabaja—, sino, justamente, al revés. Por eso apostamos por afrontar la parte de salud, de ilusión, de esperanza, de emoción… Desde ahí es desde donde hay que ir tirando hacia adelante.
La funcionalidad es el punto de partida: ahí es donde queremos trabajar. Y el movimiento, en el fondo, es eso. Se trata de ayudar a la persona a recuperar —y a generar— movimiento. Y ahí la danza, el baile, aparece como algo muy potente. Porque cuando lo miras con calma, ves que en todas las culturas se vive como comunicación, como algo profundamente humano, algo intrínseco. La música, además, forma parte de ese mismo lenguaje: habla de ritmos… Y nuestro cuerpo también funciona así. El ritmo del corazón, el ritmo del intestino… todo tiene un ritmo.
Y, poco a poco, entiendes que a todas y a todos nos mueve algo. Por eso siempre hemos tenido la ilusión de que la danza sea una segunda fase después de la Educación en Ciencia del Dolor: empezar a interactuar con el entorno, en grupo, con la posibilidad de explorar otros espacios y otra manera de movernos en la vida. Es, en definitiva, salir del escenario de la enfermedad y volver a lo social: un centro cívico, un lugar con menos carga asociada a la incapacidad, la fragilidad y la enfermedad.
CLARA LLIRÓ — En mi caso, todo empezó hacia 2020. A través de GoiGroup descubrí un enfoque nuevo para abordar el dolor crónico sin daño y me metí de lleno en el marco teórico de Arturo Goicoechea y en la Educación en Ciencia del Dolor. Al mismo tiempo empecé el máster de Danza Movimiento Terapia en la Universidad Autónoma de Barcelona. Y ahí, entre lo que iba entendiendo desde la ECD y el trabajo del máster sobre la conexión entre mente, cuerpo y emoción, todo empezó a tener sentido.
A día de hoy trabajo en las dos direcciones: desde lo cognitivo y desde el conocimiento implícito del cuerpo, usando la Danza-Movimiento-Terapia como canal e integrando la emoción.
En los años siguientes seguí formándome con GoiGroup en pedagogía del dolor, movimiento y neurobiología del dolor. Con todo eso integrado, tenía claro que quería trabajar con personas con dolor crónico sin daño, uniendo la DMT con la Educación en Ciencia del Dolor. Preguntando, llegué a Ainhoa, Marian y Leyre. Con ellas fue muy fácil: enseguida vimos que hablábamos el mismo lenguaje y así empezó el proyecto La vida es un baile.
ENTREVISTADORA — ¿Cómo se encaja, desde vuestra práctica como profesionales de la salud, este nuevo enfoque del dolor y, más adelante, la incorporación de la Danza Movimiento Terapia?
LEYRE NECHES — Yo al marco me acerqué por oficio. En consulta trataba a muchas personas con dolor persistente (fibromialgia, etc.) y, aunque aplicaba mil técnicas manuales y un montón de cosas que había aprendido, no conseguía ayudar a mucha gente. Ellas iban a otros profesionales: les hacían otra técnica y otra más, probaban un montón de dietas… y aquello no iba para adelante.
Entonces, en 2018, por recomendación de varias amigas fisios, hice un curso con Arturo Goicoechea. Al principio me costó un montón procesar el marco teórico —no sé si porque los fisios somos muy cuadriculados o por mis propios prejuicios—, pero seguí formándome porque había cosas que me cuadraban. Hice más cursos, me formé con compañeras de Osatzen y también con un curso online que organizó Ainhoa junto a otros profesionales en Polimedicados…
Pero el clic me llegó en un curso de ECD — de los que damos nosotras ahora —. Escuché “colon irritable” y pensé: esto es lo mío, este es mi diagnóstico. Ahí se me abrió todo y empecé a entender de otra manera. En cuatro años mejoraron mis síntomas y mi relación con la comida, simplemente por recibir la información y procesarla. Y me dije: si a mí me vale, le tiene que valer a un montón de gente. Lo que pasa es que también ves lo difícil que es expandirlo: no es tan fácil. Cuando la persona no entra y no lo ve, es imposible.
Y, claro, eso también te cambia como docente: tienes que vivirlo tú para luego poder contarlo. Esa vivencia personal es la que te permite explicarlo en los cursos y que la gente te entienda.
Luego está el movimiento. Yo trabajo en Atención Primaria, en el centro de salud, con grupos de lumbalgia, cervicalgia y hombro doloroso: primero transmito el marco y después movemos. Además, sigo a fisios de la Unidad de Afrontamiento Activo de Valladolid, que plantean el movimiento de otra manera (juegos, trabajo de atención…).
Y, aparte del trabajo en el centro, me uní con Marian y Ainhoa para dar los cursos de ECD. Ahí se incorporó Clara con la Danza Movimiento Terapia, y encajó muy bien con el perfil de nuestros cursos: en su mayoría mujeres entre 40 y 65 años, con personas mayores o menores a su cargo. Nosotras no conocíamos bien la disciplina y Clara nos ayudó a entenderla. Al principio piensas que es “solo bailar”, pero hay mucho más. Sus dinámicas ayudan a explicar el marco teórico, a bajarlo a tierra.
Y la respuesta fue brutal. Se querían apuntar todas y abrimos más grupos. Muchas contaban que en pilates o en gimnasia siempre eran la torpe, la que no puede… Aquí encontraron un espacio seguro, sin juicio. Y no era solo movimiento: también emoción, atención y respiración.
Por eso decimos que la fase experimental es necesaria y que hacen falta opciones, porque cada persona es un mundo y cada sistema trabaja distinto.
ENTREVISTADORA — ¿Cuál es ahora la situación en el sistema público? ¿Está integrado en los centros de salud?
AINHOA PIKAZA — Ahora mismo está complicado. Llevamos tiempo en los límites, en un proceso de cambio que es muy lento. Este marco teórico todavía no está normalizado en la mayoría de profesionales, dentro de las distintas disciplinas. En parte, son los fisioterapeutas quienes están liderando ese cambio. Hace unos diez años tuvimos muchas dificultades y, a día de hoy, seguimos aprendiendo de otras experiencias, al día de lo que va llegando desde la investigación, y recogiendo datos de todas las intervenciones comunitarias que desarrollamos, por si nos piden poder ofrecer resultados.
El problema del dolor es muy grande y el sistema de salud está buscando cómo implementar una intervención costo-efectiva para abordar los diferentes síndromes de dolor. Hay mucha demanda y todavía falta infraestructura, falta formación para profesionales… Pero esto no tiene marcha atrás.
LEYRE NECHES — Creo que se ha avanzado mucho en la introducción de este marco teórico en el sistema público, aunque los pasos son más lentos de lo que nos gustaría. Se ha creado una Unidad de Afrontamiento Activo del Dolor en Gasteiz y tenemos esperanza de que ocurra algo parecido en Bizkaia y Gipuzkoa.
ENTREVISTADORA — Y, en la práctica, ¿se podrían llevar sesiones de danza a los centros de salud?
AINHOA PIKAZA — No. En un primer momento fue nuestra apuesta: lo presentamos como un proyecto bottom-up. La unidad evaluadora de proyectos y la dirección lo consideraron una propuesta innovadora e interesante, pero, en estos momentos, no se ve como algo reproducible en toda la organización. Por eso se propuso reconvertirlo en un estudio de investigación.
ENTREVISTADORA — ¿En qué punto está la investigación y para qué servirá la Fila Cero?
AINHOA PIKAZA — La investigación ya fue aprobada por el Comité de Ética de la OSI Bilbao. La intervención, de hecho, ya la hemos realizado: han sido 12 sesiones presenciales, de dos horas semanales. También hemos hecho entrevistas en profundidad, con el asesoramiento de la unidad de investigación de la OSI Bilbao-Basurto.
Ahora nos quedan los grupos focales y, después, el análisis de datos, la redacción de resultados y la publicación. Para esta fase hemos solicitado un presupuesto a una empresa especializada y, si conseguimos financiación, lo destinaremos a ese trabajo.
ENTREVISTADORA — ¿Y cómo es investigar desde la práctica clínica, como investigadoras noveles?
LEYRE NECHES — Es complicado. He intentado solicitar ayudas y te piden muchísimos requisitos; el proceso es complejo y, además, nos falta tiempo para dedicarnos a ello. Al final, quien se dedica a la investigación suele poder dedicarse solo a eso. Nosotras hacemos práctica clínica y no llegamos.
Presentamos el proyecto para obtener subvenciones en tres convocatorias y no hubo suerte. Y todo eso supone muchísimo tiempo y esfuerzo, muchas veces en tu tiempo libre. La Fila Cero nos permitirá terminar el proyecto: cerrar entrevistas, analizar, publicar y difundir los resultados.
— Fin de la entrevista —
Prexcribe Arts cree en el poder prescriptor del arte para transformar comunidades. Por eso, la Fila Cero del estreno se orienta a completar la fase final de La vida es un baile: cerrar entrevistas, analizar datos y publicar y difundir los resultados en el ámbito académico y profesional. Un gesto sencillo, con un efecto profundo: convertir un aplauso en evidencia y la evidencia en más vidas que vuelven a moverse.
2 respuestas
Bailar es lo que me sale cuando estoy contenta pero muchas veces es lo que necesito cuañndo estoy triste.
Es lo que MUEVE el cuerpo y la mente.
No tengo dolor crónico, pero tengo algún agudo, como casi todos.
Y funciona.
Sólo hay que sentir el movimiento como amigo.
Así es Idoia, sentir el movimiento como amigo, habitar nuestro cuerpo. Gracias por tu comentario.